a collaboration between metal magazine and pull & bear

SPOON

Sorprendentes y enigmáticos

Texto: Noel Ceballos

LOS PERROS VERDES DEL PANORAMA INDIE ESTADOUNIDENSE VUELVEN CON SU DISCO MÁS RADICAL. SONIDOS SINCOPADOS, LETRAS CRÍPTICAS, FUNK DEL ESPACIO EXTERIOR, MINIMALISMO DESGARRADO Y CERO ESTRIBILLOS: BIENVENIDOS A LA ZONA MISTERIOSA.

spoonport

A nadie debería extrañarle que los dos últimos discos de Spoon hayan tomado prestadas imágenes de artistas contemporáneos para sus portadas, pues la banda de Austin (fundada en 1993 por Britt Daniel y Jim Eno) lleva tiempo siendo algo así como el equivalente indie rock del arte moderno, más cerca de la instalación sonora que del estilo Pixies de sus comienzos. Para Transference, su último trabajo, han escogido una fotografía de William Eggleston, conocido por su capacidad para convertir objetos o escenas de la vida cotidiana en algo enigmático, arcano. La canción clave del disco, The mystery zone, tiene mucho de eso: la voz entrecortada de Daniel, los violines distorsionados y el final abrupto nos sitúan en un lugar extraño al tiempo que increíblemente familiar. Esto es Spoon sin adulterar, su primer disco autoproducido: casi un recorrido por el estudio de grabación (o por el proceso creativo de su líder y letrista) que se despoja de todo artificio hasta quedarse con lo esencial.

Resulta significativo que Spoon haya grabado su trabajo más radical después de que el éxito crítico y comercial de su anterior disco, Ga ga ga ga ga (2007), les convirtiera en algo más que en el secreto mejor guardado del rock independiente. Al fin y al cabo, Daniel siempre se ha caracterizada por renegar del camino fácil: pasó del punk acelerado de A series of sneaks (1998) a la atmósfera misteriosa de Girls can tell (2001), se inspiró en el pop vitalista de Elvis Costello para hablar de rupturas amorosas, sus canciones que han aparecido en bandas sonoras de decenas de series y películas suelen ser las más experimentales… Resulta reconfortante ver cómo una banda tan difícil de clasificar logra colocar un disco tan complejo como Transference entre los cinco más vendidos en Estados Unidos, aunque da rabia que aún sigan siendo bastante desconocidos a este lado del Atlántico. Si Wilco lo ha conseguido, ¿por qué no ellos?

Añadir un comentario.