Cine del bueno
Texto: Javier Giner
Llega la tercera adaptación cinematográfica de una novela de Dios (con nombre de incógnito mortal: Cormac McCarthy), tras la apabullante, eléctrica y multipremiada, No es país para viejos de los hermanos Coen. La novela de este eterno candidato al Nobel de literatura, La carretera, ganadora del prestigioso premio Pulitzer, narra el viaje de un padre y un hijo, con la supervivencia como único objetivo, a través de las apocalípticas carreteras de un mundo destruido, infernal, frío, desangelado y peligroso.Un viaje solitario al corazón de la ternura, la generosidad y la madurez, de una intimidad y profundidad que ahogan, con el sello de la escritura objetiva, palpitante y específica del autor. Una novela y ahora una película regadas con instantes de una belleza insufrible acerca del mundo que destruimos a diario y que, curiosamente, nos mantiene vivos.

La carretera es un libro para leer, aunque sea mucho más sencillo verla en dos horas. La mayor putada (o quizás es al contrario) que pueden hacerle a un libro es realizar una buena adaptación de él. Y esta película lo es. Dirigida por un pseudo-desconocido John Hillcoat (en su currículum cuenta con vídeos de Nick Cave) y con la ayuda de nuestro director de fotografía más internacional desde Néstor Almendros, el tenebrista Javier Aguirresarobe, La carretera es una gran adaptación plástica de la atmósfera opresiva y apocalíptica, desértica y humeante, que empapa la novela de McCarthy.
La película se centra, al igual que el libro, en la relación padre-hijo que sustenta la supervivencia de ambos personajes. Chirría el aroma de thriller terrorífico que desprende el tráiler, puesto que ni la película ni la novela van por esos derroteros (sé el porqué de este tráiler, pero no quiero admitírmelo a mí mismo). La carretera es una historia intimista, construida con susurros, con encuentros y adioses casi imperceptibles, que marcan una vida. Es una película tejida con momentos que pertenecen a las miradas, a latas de coca cola olvidadas en el tiempo y desconocidas y a los silencios que encierran los terrores más inimaginables, los de los instintos.
Qué gran acierto mantener esta verdad en la sala de cine. Dicho de otro modo, es una historia que pertenece, por derecho propio, a los actores que la encarnan. Y ahí es donde la película, por momentos, encuentra su grandeza: en las composiciones de Vigo Mortensen y Charlize Theron (que va embalada y sin freno a convertirse en una de las mejores actrices del mundo), en sus conversaciones alrededor de una vela, en los recuerdos de sus miedos. Lo demás son fuegos de artificio, perfectamente diseñados y apabullantes, es cierto. Pero no se puede olvidar que el centro de la historia y de la película es el corazón. El corazón de los personajes perdidos que intentan sobrevivir cuando lo que tienen por delante es una carretera, una promesa, amenazas, decisión y toda la esperanza que cabe en un carrito de la compra. Es ese corazón lo que convierte a La carretera en cine del bueno.





